Hablemos de una violencia que no siempre deja moretones, pero sí deja escaños vacíos. Una violencia que no siempre grita, pero sí silencia.
¿Sabías que existe la violencia política contra las mujeres en razón de género (VPMRG)? Esta abarca cualquier acción u omisión diseñada para menoscabar, anular o restringir sus derechos políticos y electorales. En México, está regulada a través de un marco jurídico transversal que involucra a instituciones como el Instituto Nacional Electoral y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Amiga, amigo interesado en la participación política y social, este tema es de suma importancia para ti.
Esto no va de decir que «en política todo se vale». No.
Esto va de reconocer que a las mujeres nos agreden de una forma distinta y, muchas veces, por el simple hecho de ser mujeres.
Nos agreden cuando nos dicen que llegamos «por cuota» o «por favores», y no por capacidad, e invisibilizan nuestro trabajo y nuestros méritos.
Nos agreden cuando nuestro trabajo se mide por cómo nos vestimos y el de ellos por sus resultados. Nos agreden con memes que nos hipersexualizan, con rumores sobre nuestra vida privada, incluso vulnerando nuestro derecho a la protección de los datos personales o poniendo en riesgo nuestra integridad física y psicológica.
Nos agreden cuando no nos permiten acceder a espacios de toma de decisiones relevantes y nos ocultan información; cuando nos dejan sin presupuesto; cuando nos envían a comisiones que consideran de menor relevancia. Y lo más grave: nos agreden aún más si somos indígenas, afromexicanas, mujeres con discapacidad, lesbianas o mujeres trans.
Porque esta violencia sabe dónde duele más.
¿Y por qué lo hacen? Por una razón muy simple: para sacarnos de la vida pública. Para que nos dé miedo competir. Para que la próxima joven que quiera ser presidenta municipal lo piense dos veces y mejor se quede en casa.
Cada mujer que se baja de una candidatura por miedo, cada regidora a la que no dejan hablar en cabildo, cada síndica a la que no le permiten representar a su municipio como lo establece la ley, cada alcaldesa que gobierna amenazada, representa una grieta en la democracia. Porque una democracia sin libertad, legitimidad y respaldo de la población no es democracia. No es un verdadero «Llegamos Todas». Es simulación.
Por eso México reconoció en 2020 la violencia política en razón de género como un delito. Por eso hoy tenemos un Registro Nacional de Personas Sancionadas. Porque entendimos que esto no es «el costo de hacer política».
Es un delito. Y se castiga.
Pero las leyes no marchan solas. Necesitamos tres cosas.
Primero: nombrarla sin miedo. Esto que te pasó no fue «grilla normal». Fue violencia. Y hay instituciones para denunciarla: el INE, los OPLE, los tribunales electorales y los institutos electorales estatales. No estás sola.
Segundo: sancionar en serio. Que quien agrede pague. Que pierda la candidatura. Que no vuelva a estar en la boleta. Porque mientras agredir a las mujeres siga saliendo barato, lo van a seguir haciendo. No basta con pagar una multa o emitir una disculpa pública; se trata de erradicar la violencia y garantizar una participación política en igualdad y respeto.
Tercero: nosotras no nos vamos. A las niñas que nos ven les digo: Sí, se puede hacer política sin dejar de ser tú, siempre respetando a las demás personas y los derechos humanos de cada una de ellas.
Me dirijo a ustedes, compañeras que hoy ocupan un cargo: sosténganse, dense la mano, hagan red. A los compañeros hombres: no sean cómplices con su silencio. Si lo ven, señálenlo. Si pueden frenarlo, háganlo. Sean aliados.
Compañeras y compañeros:
No buscamos privilegios. Buscamos piso parejo. No queremos que nos regalen nada. Queremos que no nos quiten lo que ya hemos ganado.
Porque el día en que una mujer pueda hacer política en las mismas condiciones que un hombre, donde las propuestas, los compromisos, el trabajo, la capacidad y la simpatía prevalezcan por encima de la violencia entre aspirantes, ese día podremos decir que en México la democracia es para todas.
Muchas gracias.
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