Por José Alfredo Ramírez Orduña
En México sucede de todo: se ganan y pierden oportunidades. Es el tema del momento; todos hablamos de ello, lo encontramos al salir de casa o lo seguimos en redes sociales. Es un fenómeno la expectativa que se dio en los últimos días y sobre todo la noche del domingo pasado. El ambiente de fiesta y celebración que caracteriza a México como anfitrión se sostuvo mientras se pudo, hasta que se topó con la realidad. Aspirar a trascender internacionalmente en tu juego favorito, en tu propio país, tu casa y tu gente y aparentemente con las condiciones a tu favor, motiva mexicanos y mexicanas como muy pocas lo logran; no obstante que en esta nación sobran auténticas historias de valor para despertar ilusiones así.
México es lindo y querido en la guerra y la victoria. Nadie celebra a los perdedores pero la deslealtad se repudia aún más. Somos herederos de una nación con hambre de un triunfo que nos de gloria y valide nuestro esfuerzo. Para ganar se requiere exigencia, tomar medidas incluso cuando se transite un atropellado camino y aprender a reaccionar, planear con antelación: que no baste cumplir. Ahora bien, ¿seguimos hablando sólo de futbol o de algo más que el deporte?
Fallar dándolo todo a la par de desarrollar una idea que te provoque pasión por un juego puede ocurrir en el fútbol. Y esta vez ocurrió. El mérito de este triunfo fue hacer lo justo y lo preciso. El consuelo, “el ya merito”, no son válidos. No funciona coleccionar derrotas vanagloriadas, pero sí sirve cultivar esperanza y crecer cuando se asume el desafío de ser mejor, ya sea entrar a las ocho mejores selecciones del mundo o el reto de desarrollarse como una mejor persona en lo personal, en el trabajo y en la vida compartida. Ganar, realmente.
Los errores suceden. y en ocasiones, pueden costar caro. Pero, ¿y si sí logramos aprender algo y sacar provecho más allá del juego?
Las cosas podrían estar mejor. En muchos ámbitos y sentidos. No depende únicamente del color institucional, sino de los límites de nuestra capacidad. Y México parece tener un techo muy bajo. Topas pared jugando como nunca y perdiendo como siempre. Se cortan procesos y estructura. Se pierde experiencia. Se generan nuevo ciclos y nuevas esperanzas. Vale la pena preguntarse ¿qué tan buenos somos para identificar nuestras áreas de oportunidad?
No conozco qué tanto interés despertará jugar como anfitrión una Cuarta Copa del Mundo ni cuándo será. Ignoro cuando se generarán tantas condiciones ventajosas como se dieron el partido del cinco de julio. Espero que México no siga perdiendo oportunidades.
Noruega 2-0 Brasil
Noruega le ganó a Brasil jugando con un equipo organizado, con dos tantos del goleador de élite que resuelve lo que le corresponde y venció al pentacampeón. Su historia en el mundial continuará.
México no tiene un jugador de élite.
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