Por Lucía Morales
En México y en el mundo las mujeres avanzamos con firmeza, hablaremos de la agenda mundial y seguir contribuyendo condiciones que les permitan ejercer los derechos de las mujeres con libertad, seguridad y dignidad. En ese contexto hoy les comparto que la Organización de las Naciones Unidas ha impulsado un enfoque basado en cinco autonomías que comparto con ustedes queridos y queridas lectoras.
La primera es la autonomía económica, que significa que toda mujer tenga acceso a un empleo digno, igualdad salarial, oportunidades para emprender y la posibilidad de tomar decisiones sobre sus propios recursos económicos.
La independencia económica no solo transforma vidas, sino también familias y comunidades enteras.
La segunda es la autonomía física, que implica el derecho a vivir libres de violencia, con acceso a servicios de salud de calidad y con la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo. Ninguna sociedad puede considerarse verdaderamente democrática mientras existan mujeres que vivan con miedo.
La tercera es la autonomía en la toma de decisiones, que busca garantizar la participación plena y efectiva de las mujeres en los espacios donde se construyen las políticas públicas, se toman decisiones y se define el rumbo de nuestras instituciones. La igualdad también se construye desde el liderazgo.
La cuarta es la autonomía del tiempo, un aspecto pocas veces reconocido. Millones de mujeres dedican gran parte de su vida al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Reconocer, redistribuir y valorar estas tareas es indispensable para alcanzar una verdadera igualdad de oportunidades.
Finalmente, la autonomía digital cobra cada vez mayor relevancia. En un mundo impulsado por la tecnología, el acceso a internet, la educación digital y el uso seguro de las herramientas tecnológicas son esenciales para evitar nuevas formas de exclusión y ampliar las oportunidades de desarrollo.
Estas cinco autonomías no representan privilegios; representan derechos. Son la base para construir una sociedad donde cada mujer pueda desarrollar plenamente su potencial y contribuir, desde su libertad, al progreso colectivo.
Promoverlas no es una tarea exclusiva de los gobiernos o de las organizaciones internacionales. Es una responsabilidad compartida entre instituciones, empresas, comunidades y ciudadanía. Solo así lograremos que la igualdad deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad cotidiana para todas y todos.
Dejar claro que no se trata de una lucha de géneros, es lograr una igualdad de oportunidades.
¡Tiempo de mujeres… actuar hoy para contruir un mejor mañana!
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