Arturo Manzano Nieto
@artuman
Hubo una época en la que la mayor preocupación de los papás en el tema de los videojuegos era que gastáramos demasiadas monedas en las maquinitas. Pac-Man se dedicaba a huir de fantasmas y Tetris a acomodar bloques que caían sin misericordia. El reto era simple: pasar de nivel, hacer más puntos. Nadie hubiera imaginado que décadas después los videojuegos se convertirían en enormes plazas públicas digitales en las que millones de personas conviven, comercian, crean contenidos y, lamentablemente, también acechan.
Los llamados videojuegos sociales de mundo abierto han transformado la experiencia de jugar. Plataformas como Roblox permiten a los usuarios desarrollar sus propios juegos, espacios virtuales y dinámicas de interacción. El fenómeno es considerable: en 2025 Roblox reportó alrededor de 94 millones de usuarios activos diarios a nivel global. Diversos estudios muestran, además, que la inmensa mayoría de niños y adolescentes juega en línea de manera habitual.
El problema es que donde hay menores de edad también aparecen personas con intenciones criminales. El verdadero desafío está en las relaciones sociales que se construyen dentro de estos entornos. Algunos delincuentes utilizan minijuegos, recompensas virtuales, chats y dinámicas colaborativas para generar confianza con niños y adolescentes. El proceso suele ser gradual: primero el juego compartido, después la conversación frecuente, más tarde la migración a otras plataformas de mensajería y, en los casos más graves, intentos de explotación sexual, extorsión o captación para otras actividades ilícitas.
En Estados Unidos, Roblox enfrenta decenas de demandas que alegan que la plataforma no hizo lo suficiente para impedir que depredadores contactaran a menores.
Por supuesto, la responsabilidad principal corresponde a las plataformas, pero sería ingenuo pensar que la tecnología resolverá por sí sola un problema profundamente humano. Al final del día, la mejor defensa de lo online está en offline: hábitos, disciplina, límites y la confianza que se construyen en casa son la mejor defensa.
