El verdadero enemigo

Por José Alfredo Ramírez Orduña

En un par de semanas México se convertirá en la sede de uno de los eventos que refleja el neoliberalismo en su más auténtica expresión, en marcado contraste con el discurso que ha predominado recientemente en la agenda nacional de comunicación. Si bien, la relación entre lenguaje, ideología y poder no constituye una novedad, la forma en la que se disimula es un verdadero logro del marketing actual: una comunicación eficaz puede utilizarse tanto para tender puentes de entendimiento como para debilitar los vínculos que nos unen.

En un entorno que cambia constantemente como lo hace la sociedad poblana, resulta necesario distinguir entre la verdad, la información aislada y una opinión. La crítica al neoliberalismo se vuelve riesgosa mientras se incurra en la incongruencia de denunciar sus abusos con la mano izquierda mientras se disfruta de sus beneficios con la derecha. Es una absurda retórica que recurre a ideologías que se encuentran superadas; no obstante, se encuentran presentes en nuestras vidas por conflictos de intereses y de poder.

El problema del discurso antineoliberalista no radica en el neoliberalismo en sí mismo, sino en las consecuencias que genera: fomenta desigualdad social, la precarización y una exclusión creciente que se manifiesta en el verdadero eje del conflicto: el consumismo desenfrenado.

Las políticas públicas y las estrategias de mercado orientadas a generar riqueza no priorizan su distribución equitativa; en muchos casos, incluso persiguen lo contrario. Dinamizar el comercio, liquidar inventarios y acelerar el ciclo económico son herramientas de mercado más que de bienestar social. Cuando estos mecanismos se ejecutan sin responsabilidad financiera, terminan fomentando endeudamiento y consumismo.

Ejemplos abundan para ilustrar lo anterior. El famoso Black Friday surgió en Filadelfia durante los años sesenta, cuando la policía describía el caos de tráfico y multitudes tras el Día de Acción de Gracias. Con el tiempo, se consolidó como el inicio de la temporada navideña mediante descuentos masivos. En México, la primera edición del Buen Fin se celebró en 2011 como una política pública de apoyo a bancos y al sector privado, con el propósito de reactivar la economía nacional facilitando el acceso al crédito.

China, por su parte, no se quedó atrás: desde 1993 cuenta con su propia estrategia de consumo intensivo, el Single’s Day, que potencia el tráfico digital y el comercio electrónico, liquidando inventarios y abriendo espacio a nuevos productos. Bajo la misma lógica, en 2014 la Asociación Mexicana de Venta Online lanzó el Hot Sale, con el objetivo de expandir el comercio digital en México mediante un esquema agresivo de mercadotecnia.

Hemos desarrollado un sistema de administración de recursos capaz de satisfacer las necesidades de todos, pero insuficiente para colmar la ambición de unos cuantos. La lógica de “aprovechar ofertas” genera una cultura de urgencia y endeudamiento, en la que la necesidad real se diluye frente al deseo inducido por la mercadotecnia. El placer de estrenar un nuevo producto refuerza la errónea idea de que el bienestar se mide por la capacidad de compra.

El consumismo no mata pero tampoco permite vivir adecuadamente. Realizar una compra produce una descarga de dopamina que se confunde con felicidad, pero está lejos de serlo. En esta temporada de Hot Sale, resulta imprescindible evitar caer en la economía de lo efímero, donde la durabilidad y la sostenibilidad quedan relegadas frente a la urgencia del consumo inmediato. Si aceptamos la premisa de que ‘eres lo que consumes’, se vuelve indispensable verificar qué información recibimos y qué reproducimos.

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