¿Se vive con dignidad?

Por José Alfredo Ramírez Orduña

El mayor logro alcanzado en la modernidad ha sido la consolidación del reconocimiento de las personas como sus iguales por el simple hecho de ser humanos y de existir. El respeto a cualquier hombre o mujer y su individualidad. Me refiero a la dignidad humana, cuyo desconocimiento resulta peligroso y cuya vulneración no puede ser objeto de indiferencia.

En lo que respecta al Estado o el Gobierno, es el fundamento del que emanan todos los demás derechos indispensables para el desarrollo integral de una persona: la libertad, la integridad física y psíquica, el honor, la privacidad y cualquier otro que asegure un trato de respeto.

En el ámbito personal, se expresa en el cuidado y la atención de uno mismo, en la autovaloración. En el ideario, representa el propósito último de nuestra existencia.

No obstante, si observamos crítica y objetivamente a lo que sucede en nuestro entorno cotidiano, cabe preguntarse ¿se vive realmente con dignidad en México?

Negarlo sería atentar contra todo lo que se ha progresado y sufrido por esta vida y su sociedad de las que tanto nos quejamos, pero a su vez, convivimos con privilegios y derechos nunca antes gozados ni ejercidos.

Afirmarlo sin matices, sería una respuesta mediocre. Porque existen pruebas tanto para que se medio crea que sí, como para que medio se crea que no. En la realidad, es una promesa pendiente que la historia humana debe cumplir totalmente.

En ese sentido, través de los múltiples reportes y censos que el INEGI publica, se indican los síntomas que presenta la nación para su cuidado y prevención. En ese sentido, encontramos puntualmente las oportunidades de mejora que se deben atender.

En el eje de la salud y la seguridad social, es necesario garantizar la cobertura para todas y todos. El acceso limitado a los servicios de salud en diversas zonas y comunidades en Puebla tiene que retomarse como una prioridad social.

Respecto a la educación, el rezago escolar es una barrera que enfrentar. La calidad del material educativo y su transmisión debe ser la base del desarrollo integral de las y los estudiantes; esto, con el objetivo de otorgar las herramientas necesarias para convertirse en profesionales competitivos en cualquier parte del mundo que tanto hacen falta.

En el aspecto laboral, son escasos los empleos que ofrecen condiciones de trabajo digno y aún lo son más los que pagan salarios y remuneraciones que ayudan a cubrir sin esfuerzo los gastos de vivienda, salud, educación y recreación. Para realizar un cambio positivo, es necesario ser honesto con la situación en la que nos encontramos.

La dignidad debe concebirse como un proceso progresivo y constituye un riesgo potencial guardar silencio ante su transgresión y su omisión. Surge entonces la pregunta: ¿existen condiciones que nos obliguen a cuestionar si seguimos avanzando o, por el contrario, estamos retrocediendo?

Sinceramente, sabemos la respuesta. El progreso carece de sentido si este no se refleja en una mejor calidad de vida, en mayor satisfacción y en auténtica plenitud. Ante la duda, debemos optar por aquellas soluciones que garanticen la dignidad. En otras palabras, por aquellas que la transformen de una noble intención en una justicia social real y operativa.

Para dudas y comentarios, seguimos en contacto a través de la cuenta [email protected]

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