No es posible fallar 

No es posible fallar 

Por José Alfredo Ramírez Orduña

Los truenos que escuchaste la semana pasada fueron un amable anticipo de un futuro genuinamente inquietante. Son advertencias de un fenómeno meteorológico que provoca un calentamiento inusual en la superficie del océano y que se repite cada dos a siete años. Conocido bajo un apodo irónico, porque solo así los latinos respondemos a nuestros problemas, este fenómeno tiene alta probabilidad de iniciarse entre mayo y julio y prolongarse, al menos, hasta finales de 2026. Efectivamente, El Niño ha vuelto.

Como ocurre con otros asuntos climatológicos, le dedicaremos parte de nuestra atención. Será tema de conversación en reuniones mientras se desarrollan sus efectos y, bajo una visión optimista, se organizarán colectas y apoyos provisionales para los afectados. Pero después, ¿Qué sucederá? ¿Qué repercusiones tendrá El Niño? Puede provocar sequías prolongadas e incendios, lluvias torrenciales e inundaciones, arrasar cosechas y suspender actividades sociales y económicas, generando gastos y aumento de costos que no deberían existir. Del ecocidio, mejor ni hablar… por ahora.

Desde hace años nos encontramos en un punto de no retorno. La vida humana debe adaptarse a las consecuencias de un cambio climático del que se nos advirtió y recordó, y del que tampoco hicimos caso. Este verano se pronostica el mayor aumento de temperatura registrado, lo que los expertos llaman El Super Niño.

A su vez, existe un proverbio que recuerda: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora.” El Niño regresará y nosotros, conscientes de este reto, ¿estaremos preparados para enfrentarlo?

Es fundamental señalar que El Super Niño no es solo un fenómeno climático: es un desafío jurídico, social y económico que exige coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales. En Puebla, la clave será anticipar medidas de resiliencia en agua, agricultura y salud, evitando que la crisis climática se convierta en crisis humanitaria. Somos referentes nacionales en la producción de maíz y frijol; nuestro café y caña de azúcar son reconocidos y galardonados. En contraste, deben atenderse prioritariamente las sequías en la Mixteca, los incendios forestales en la Sierra y los insuficientes sistemas de drenaje ¿Aún podemos estar a tiempo?

El destino nos regaló un paraíso del que hemos abusado sin medida ni consideración.  Oportunidades ya no sobran para cuidarlo, pero sí los recursos y las personas por los que se merece intentarlo. Esta vez, no es posible fallar.

Para dudas y comentarios, seguimos en contacto a través de la cuenta [email protected].

 

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