Entre goles y esperanza: Liga Victoria, semillero de sueños en Acatzingo

Delia Soriano

En un terreno que hace algunos años apenas formaba parte del entorno familiar, hoy el balón no deja de rodar. Silbatazos, risas, gritos de gol y aplausos acompañan cada jornada desde la orilla de la cancha. En el municipio de Acatzingo de Hidalgo, la Liga Victoria ha dejado de ser solo un torneo: es un punto de encuentro, un refugio para jóvenes y una plataforma donde el fútbol comienza a transformar historias.
Hace cinco años, ante la falta de espacios deportivos, la familia Zayas Victoria decidió apostar por el deporte como alternativa. Lo que inició con un solo campo hoy congrega entre 70 y 80 equipos en categorías infantiles, juveniles y libres, tanto en la rama varonil como femenil.

Para Roberto Horacio Zayas Victoria, impulsor del proyecto, el objetivo siempre fue claro: abrir oportunidades donde no existían. “No había infraestructura, pero sí ganas. Queríamos que los jóvenes tuvieran un lugar para jugar, convivir y mantenerse alejados de entornos negativos”, explica.
Actualmente, la liga no solo organiza torneos dominicales; también ha ampliado su alcance con competencias nocturnas, una categoría sub-20 y un impulso constante al fútbol femenil.

Fútbol femenil: abrir cancha y romper barreras
Uno de los avances más relevantes ha sido la consolidación del fútbol femenil. A partir de torneos conmemorativos del 8 de marzo, surgió una liga que hoy reúne a varios equipos y continúa creciendo.
El objetivo es visibilizar el talento de las mujeres y generar espacios donde puedan desarrollarse. Como parte de esta expansión, se proyecta la creación de una categoría para mujeres veteranas mayores de 40 años, con la intención de fomentar la convivencia y mantener viva la pasión por el juego sin importar la edad.

Más que fútbol: reconstruir el tejido social
En la Liga Victoria, el marcador es solo una parte de la historia. El verdadero partido se juega fuera de la cancha: reconstruir el tejido social.
A través del deporte, se busca alejar a niñas, niños y jóvenes de problemáticas como las adicciones o la delincuencia. Para ello, el proyecto integra un centro de formación con entrenamientos constantes y procesos de visorias que permiten detectar talento.
Gracias a este trabajo, algunos jugadores ya han sido observados por clubes como el Club Puebla y equipos de tercera división, abriendo la puerta a oportunidades dentro del fútbol profesional.

Talento que inspira: Domí y una generación en ascenso
Entre todos los jóvenes que pisan la cancha, destaca por su entrega y liderazgo Luis Mario Jiménez Gutiérrez, “Domí”, quien ha encontrado en el fútbol su motor de vida.
Desde los ocho años, el balón marcó su camino. Hoy, su estilo de juego —carácter, visión, regate y capacidad para dirigir al equipo— lo posiciona como una de las promesas de la liga. “Me siento completo jugando fútbol, es algo que disfruto mucho”, comparte.
Su historia no ha sido sencilla: la pandemia interrumpió su formación, pero no su determinación. Su meta es clara: llegar al fútbol profesional. Y aunque reconoce que el camino es largo, continúa entrenando con disciplina y convicción.
A este talento se suman jugadores como Luis Cesatti y Juan Carlos Pérez “Borus”, quienes también se han convertido en referentes locales y ejemplo para las nuevas generaciones.

La familia, el primer equipo
Detrás de cada jugada hay un respaldo silencioso pero firme: la familia.
Para Domí, el apoyo de su padre, Rafael Jiménez Sorcia, ha sido fundamental. Desde la tribuna y en casa, lo impulsa a crecer no solo como futbolista, sino como persona.
“El fútbol los mantiene alejados de vicios. A veces no hay recursos, pero, los padres hacen esfuerzos, con tal de que los hijos cumplan sus sueños, el apoyo nunca debe faltar”, afirma.
El acompañamiento de madres y padres —desde uniformes hasta presencia en los partidos— fortalece la confianza y disciplina de los jóvenes, convirtiéndose en un pilar en su desarrollo.

La cancha: escape, comunidad y vida
La Liga Victoria no es exclusiva de los más jóvenes. Para muchos adultos, representa un espacio de escape frente a la rutina diaria.
Jugadores como Alberto Centeno, portero del equipo Vaqueros, encuentran en cada partido una pausa al estrés. “Aquí se te olvida todo. Es un ambiente familiar, haces amistades y disfrutas lo que te gusta”, relata.

Un balón que construye futuro
En cada entrenamiento, bajo el sol o las luces nocturnas, la Liga Victoria reafirma su propósito: demostrar que el fútbol puede ser una herramienta real de transformación social.
Padres, entrenadores y organizadores coinciden en algo: el deporte fomenta disciplina, responsabilidad y valores que trascienden en la cancha y que impulsa a su vida personal con disciplina y entusiasmo.
Porque en Acatzingo, cada pase, cada jugada y cada gol cuentan una historia distinta. Y en medio de ese juego colectivo, se construye algo más grande: un futuro prometedor para sus jóvenes.





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