La película Una casa llena de dinamita de Kathryn Bigelown nos cuenta la situación sobré pasaría si un día de la nada Estados Unidos recibe una amenaza real de un ataque nuclear. La historia se narra desde tres puntos de vista, desde un soldado raso hasta el propio presidente del país norteamericano. La cinta deja en claro que el ataque es inminente y cierto, pese a que a lo largo de las casi dos horas se le ve a esta situación como algo no preocupante, al final, el misil impacta la ciudad de Chicago en Illinois. Son 18 minutos en los que el Gobierno de los Estados Unidos de América tienen que decidir si contraatacar o quedarse cruzados de brazos.
Contrario a lo que nos acostumbró el cine catástrofe hollywoodense con películas como Armaguedoon o Día de Independencia, aquí el cataclismo es inminente, no vendrán superhéroes a “salvarnos”. El único mecanismo de defensa es el programa de intercepción de misiles, que la cinta se encarga de resaltar -y que tiene una efectividad del 61 por ciento- Aunque según la Agencia de Defensa de Misiles, del Departamento de Guerra del Gobierno de EUA, este programa tiene un “100 por ciento de efectividad”. Esto a raíz de una nota periodística de El País, en donde explica que el Pentágono mostró su inconformidad con lo que plantea la película, pues alegan que “subestiman el poder de EUA”. Incluso en la nota se recuerda que el presidente, Donald Trump, presentó un proyecto en mayo de 2025 para mejorar este mecanismo de defensa llamado La Cúpula Dorada y que costará cerca de 175 mil millones de dólares.
Ahora dos puntos quiero resaltar de esta película a nivel personal: 1) que, de nueva cuenta, la propaganda de EUA construye una narrativa, a través de la película, en la que muestran su supuesta “moralidad belicista” sólo cuando los atacan a ellos, ya sea por un misil o por cualquier cosa; y 2) el síntoma claro de ser “crítico” con la nación norteamericana, pero el posicionamiento es cuestionable y reaccionario.
Respecto al primer punto, recordemos cuando el presidente de los Estados Unidos, interpretado por Idris Elba, al final de la cinta, se muestra timorato, titubeante y confundido sobre qué decisión tomar ante el ataque, es decir, atacar o no hacer nada. Esta idea me parece peligrosa por que a decir verdad los intervencionismos en Latinoamérica, Medio Oriente, Asia, Europa del Este; la CIA, Henry Kessingery Trump, deja en claro que la nación de las barras y las estrellas siempre ha elegido el belicismo ante todo, por encima de cualquier tipo de derecho humano o soberanía nacional; plantea la discordia, guerra, rencor y la exclusión como ruta de salida, aún cuando no hay problemas. Por ello, cuando veo este tipo de personajes, que no son pocas las interpretaciones de este tipo en Hollywood, me parece cínico.
Sobre el segundo punto, Bigelow tiene en su filmografía la película La noche más oscura, una película que expone la “labor de inteligencia” para atrapar a Osama Bin Laden por ser el responsable del ataque a las Torres Gemelas. En su momento recibió críticas, e incluso se le comparó con Leni Riefenstal, la cineasta emblema del nazismo. Pero sería absurdo decir que por esto es “mala”, antes bien, sabe hacer cine, y eso es lo que nos debería llamar la atención. ¿Cómo es la propaganda hoy? Es evidente que ya mucha gente cuestiona el pacifismo y heroísmo de cintas como Armaguedoon, pero ahora ¿cómo se convence al gran público que EUA está siendo atacada? Ocupas a cineastas que nos acostumbren a pensar en beneficio de determinados intereses.
Por último, quisiera remarcar algo. En 2004, durante la Guerra de Irak, Billy O’Reilly, un popular conductor de noticieros de la cadena Fox News, declaró: “habiendo difundido fotos de tortura en [Abu Ghraib], la CBS le ha dado a los enemigos de América un arma temible”, me preguntó yo, ¿por qué EUA permitió que su mecanismo de defensa ante un ataque nuclear se difundiera en una película? ¿Acaso como dijo ese conductor no le dio a los “enemigos de América” un arma temible? Lo que dice la nota de El País es que el Pentágono se molestó porque la película es inexacta al momento de abordar el mecanismo de defensa. Señala que esa no es la realidad. Bigelow, junto a Noah Oppenheim, afirmaron que todo lo expuesto en el largometraje es resultado de arduo trabajo de investigación con fuentes confiables y documentos. Un lado acusa denostación; el otro no lo descarta porque “investigó”. ¿A eso se limita la crítica que se le quiere hacer al Gobierno de EUA? Dice la directora de la película que quería volver a traer el tema porque “se ha olvidado”, pero creo entonces que el ejercicio crítico no es hacia afuera; me parece, pues, que se requiere crítica de la crítica.
