Un terremoto político ha sacudido a Estados Unidos

AJUSTE DE CUENTAS

Por José Alfredo Ramírez Orduña

Un terremoto político ha sacudido a Estados Unidos. El pasado 3 de noviembre, los ciudadanos de nuestro principal socio comercial acudieron a las urnas para elegir a los 435 integrantes de la Cámara de Representantes, renovar 35 de los 100 escaños del Senado y designar a los gobernadores de 36 de los 50 estados. El Presidente apostó por la continuidad de su proyecto político; sin embargo, los resultados no fueron suficientes para impedir un cambio en la composición de ambas cámaras del Congreso tras las elecciones intermedias.

El Presidente Trump, que no acepta la derrota ni realiza la debida autocrítica, deberá construir nuevas alianzas ante un panorama político adverso, ya que fue la decisión del pueblo estadounidense limitar el poder republicano que había sido dominante en la primera parte de su segundo mandato. El poder que ejerce una de las más grandes potencias del mundo conlleva responsabilidades y repercusiones de enorme alcance, por lo que la concentración excesiva de influencia en una sola figura política requiere un cuidado intensivo, en el caso en que no se lleve a cabo un adecuado equilibrio político, económico y social. Las guerras comerciales y las injerencias estatales causaron un revuelo de consideración, aunque el factor determinante fue el aumento en el costo de los servicios y productos básicos, una situación que el electorado difícilmente estuvo dispuesto a pasar por alto. Asimismo, las infortunadas declaraciones de Donald Trump han alimentado la percepción de que su estilo discursivo privilegia la confrontación sobre la reflexión. El cinismo que lo distingue y con el que ha logrado conectar con un sector radical, ya no resulta suficiente.

En ese contexto, el abuso de distintas decisiones en la administración de Trump ha suscitado intensos debates. La implementación de políticas controvertidas, como la integración del presupuesto, los aranceles desproporcionados y el trato a los inmigrantes, ha mermado la intención del voto americano en su favor. Asimismo, el sector energético influye notoriamente: el Diesel aumentó en más de un 70% de su valor y la volatilidad de los costos de combustibles en general, ha provocado una incertidumbre a sus ciudadanos de la que no están acostumbrados ni desean estarlo.

El voto hispano ha cobrado mayor relevancia dentro de la dinámica electoral estadounidense. En el caso de Florida, se concentra una importante comunidad de origen venezolano y cubano, quienes han sido los primeros en objetar el modo en el que se han llevado a cabo las políticas de deportaciones. Por otra parte, Gina Hinojosa será recordada como la primer Gobernadora de ascendencia latina en uno de los bastiones históricamente republicanos, como lo es Texas. La participación ciudadana con origen latino ha superado los registros de las dos elecciones previas, consolidando el peso político de una sociedad cada vez más diversa y multicultural.

La sucesión presidencial es otro elemento importante a tomar en cuenta. Para alistarse de cara a las próximas elecciones, los republicanos deben determinar si conviene abandonar el emblema que ha representado el actual Presidente en la última década, continuar con su proyecto partidista o si prevalecen los escasos cuadros que han formado. En ese escenario, el Vicepresidente, JD Vance, aparece como uno de los perfiles mejor posicionados para aspirar a la presidencia, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, continúa construyendo alianzas estratégicas con miras a convertirse en una de las principales figuras de la siguiente administración. Del lado demócrata, nombres como Jon Ossoff, senador por Georgia; Gavin Newsom, gobernador de California; y la exvicepresidenta Kamala Harris figuran entre los perfiles con mayores posibilidades de competir por la candidatura presidencial de su partido en 2030.

En las propias palabras de Donald Trump: es un mal perdedor. Varios estados tradicionalmente identificados con el Partido Republicano optaron por explorar una ruta distinta, reflejando un descontento tanto con las formas como con los resultados de gobierno. No obstante, el presidencialismo estadounidense difiere sustancialmente del modelo que conocemos en nuestro país. El titular del Poder Ejecutivo dispone de amplias facultades para conducir la política nacional y exterior, así como de herramientas suficientes para continuar impulsando su agenda gubernamental. Sin embargo, el nuevo equilibrio legislativo obligará a la Casa Blanca a negociar y construir consensos si pretende mantener la postura firme y desafiante que ha caracterizado su actuación en el escenario internacional.

Restan dos años de mandato para Donald Trump y es necesario asegurar el futuro de ambas naciones. No existe cabida para una reelección, por lo que México debe empezar a formar una línea con plena dignidad y lo más cercano a la equidad, para crecer junto con su vecino y no de su mano.

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