El riesgo de la evasión en la era del exceso

Por José Alfredo Ramírez Orduña

Gracias a nuestra condición biológica, el instinto de supervivencia nos ha permitido identificar amenazas latentes e inmediatas. El miedo y la ansiedad han actuado como un foco que centra los aspectos importantes de nuestro entorno para distinguir lo que es útil de lo que no y así, eliminar indicios de peligro. Es un filtro que altera la percepción y que nos ha ayudado a lo largo de los años pero, ¿podemos utilizar ese mismo foco en medio de una modernidad en la que aparentemente ya no existen depredadores al acecho?

El mundo no ha cambiado en esencia; lo que se transforma es la percepción que tenemos de él. Aunque ya no estamos expuestos a una intemperie, los peligros persisten bajo nuevas formas. Los depredadores operan con la misma voracidad, ahora en una sociedad que se deteriorará mentalmente por intentar adaptarse a los cambios continuos y acelerados que traen consigo el avance de la tecnología.

Ese aceleramiento es mucho más palpable de lo que nos gustaría admitir. Nos encontramos en los últimos tres meses del año, y si eres de aquellos que creen que el tiempo transcurre más rápido, es porque hemos aprendido a optimizar la evasión del aburrimiento. Saltamos de ocupación en ocupación, enfocándonos agresivamente en lo que nuestra memoria no retendrá, llevando el absurdo a una automatización de cosas insignificantes que terminan siendo una carga en vez de experiencias disfrutables.

Si en alguna ocasión has pasado horas frente de una pantalla, alternando ventana tras ventana y procesando diversa información por ocio o sin motivo alguno, has experimentado el efecto de los algoritmos que producen en nuestro cuerpo rasgos similares a los de una adicción y es parte de los nuevos retos que hay que saber afrontar. Nunca subestimes las ganas que tiene la gente para distraerse y poderosa gente que programa lo que consumimos en nuestro día a día, lo sabe: estamos perdiendo la batalla contra el aburrimiento.

¿Por qué nos obligamos a ver lo que no nos interesa solo por no lidiar con el aburrimiento? Existe gente que consume videos de mascotas sin disfrutar a las que tienen en su alrededor, porque no le apetece encontrarse en dónde está. Consumir por consumir, disminuye nuestra tolerancia al aburrimiento y ha provocado un verdadero problema para nuestra capacidad de atención, de la que poco a poco ha ido reduciéndose por no saber qué hacer cuando estamos aburridos. Por ello, resulta necesario prestar un poco más de atención a nuestros procesos internos y lo que hemos aprendido al contemplarlos sin críticas ni prejuicios. Los mejores descansos se obtienen cuando estás cansado, las mejores comidas se disfrutan cuando tienes hambre y la vida se aprecia mejor después de haber atravesado el aburrimiento.

Al observar los procesos más inteligentes de la vida, estos no suceden por la fuerza ni la intensidad con los que los trabajamos, sino por la armonía. Nos encontramos en una sociedad con un ritmo tan frenético, que en muchas ocasiones la paz resulta ser un impedimento si pretendemos “más”: más recursos económicos, más influencia, más estatus social, sin que esto garantice la plenitud que anhelamos.

Entre todo, seguimos siendo seres que encuentran sentido en la repetición de los actos. Aspiramos a relaciones sanas, aunque persistan emociones de rechazo que nos predisponen a la confusión. A quien se siente triste o abrumado, suele recomendársele la distracción, pero todo exceso conlleva un riesgo: hacerlo un hábito jamás te hará sentir bien. Nos hallamos en una nueva etapa de la humanidad en la que gozamos del conocimiento acumulado de todas las eras, pero no resulta suficiente si no podemos lidiar con el vacío y la ansiedad que limitan nuestras experiencias.

Para sobreponernos, es necesario cultivar la serenidad, pues ella ofrece alternativas para elegir con mayor claridad. Las rutinas saludables son valiosas, pero para que cobren el sentido que necesitamos, resulta imprescindible que se encuentren alienados los pensamientos, lo que sentimos y lo que hacemos. Lejos de ser un enemigo, el aburrimiento puede convertirse en un espacio fértil para la reflexión y el crecimiento personal, siempre que lo enfrentemos con conciencia y sin evasiones compulsivas.

Para dudas y comentarios, seguimos en contacto a través de la cuenta [email protected]

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