Alcaldes del Siglo Pasado Para las Ciudades del Futuro

Ideas en Territorio

Por Raúl Contreras

Mientras algunas ciudades del mundo utilizan inteligencia artificial para anticipar problemas de tránsito, detectar fugas de agua y optimizar sus servicios públicos, en México todavía hay gobiernos municipales que presumen como grandes logros instalar luminarias, pavimentar calles, tapar baches o salir a barrer las calles. Obras necesarias, sin duda, pero insuficientes para construir las ciudades que necesitaremos dentro de diez o veinte años.

Recuerdo haber asistido a un encuentro internacional sobre smart cities, donde alcaldes de distintos países compartían sus experiencias. Uno de ellos, procedente de España, explicó cómo su municipio utilizaba sensores y sistemas de información para conocer el comportamiento del tránsito en topes y semáforos, identificar contenedores de basura llenos y detectar consumos excesivos de agua. La intención era sencilla: almacenar esa información y con ella dejar de reaccionar ante los problemas y comenzar a prevenirlos.

El contraste llegó cuando un alcalde mexicano comentó que todavía estaba concentrado en resolver baches y pavimentar calles. Al escuchar las experiencias de otras ciudades, reconoció la distancia que existía entre atender las necesidades inmediatas y construir una estrategia de transformación urbana.

Esa diferencia resume uno de los grandes desafíos de nuestros gobiernos municipales: seguimos administrando las ciudades que heredamos, mientras otros países están diseñando las que tendrán en el futuro.

Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, es un ejemplo de esta visión. De acuerdo con la plataforma oficial Digital Dubai, en 2023 el 99.5% de los servicios gubernamentales de la ciudad ya estaban digitalizados y el 87% de las transacciones de servicios públicos se realizaban por medios digitales. Además, en enero de 2024, el Ayuntamiento de Dubái presentó una plataforma de representación digital de la ciudad que permite analizar escenarios de desarrollo y evaluar sus efectos en el tránsito, el consumo de energía y la calidad del aire.

China también ha convertido la transformación digital de sus ciudades en una política de alcance nacional. En mayo de 2024, varios organismos de su gobierno publicaron directrices para acelerar la digitalización urbana, con objetivos que incluyen integrar datos, modernizar la gestión de servicios públicos y utilizar inteligencia artificial para mejorar las decisiones gubernamentales. El plan contempla avances importantes hacia 2027 y una transformación más amplia para 2030.

No se trata de copiar modelos extranjeros sin considerar nuestras condiciones, se trata de entender que la tecnología, la planeación y la visión de largo plazo ya forman parte de la competencia entre ciudades por atraer inversiones, mejorar su productividad y ofrecer una mejor calidad de vida a sus ciudadanos.

En México, demasiadas administraciones siguen midiendo sus resultados por lo que pueden inaugurar, pintar, barrer o presumir durante su periodo de gobierno. Una calle pavimentada ofrece una fotografía pero una estrategia de movilidad puede transformar durante años la manera en que las personas se desplazan. Una luminaria mejora una calle pero un sistema integral de alumbrado puede reducir consumos, detectar fallas y optimizar el gasto. Recoger la basura es una obligación pero organizar las rutas con información actualizada sobre la capacidad de los contenedores permite hacerlo con mayor eficiencia y eficacia.

El problema no es que escuchemos en un informe de gobierno anual que cambiaron y pusieron más focos, pavimentaron calles y algunas veces sin banquetas ni alumbrado, taparon baches, que remodelaron el zócalo de la ciudad o salieron a barrer las calles y pintar guarniciones, sin duda las ciudades necesitan esos servicios. El problema es que esas tareas se conviertan en el techo de la ambición de un gobierno en lugar de ser el punto de partida.

Una ciudad bien planeada también necesita ordenamiento territorial, transporte eficiente, infraestructura hidráulica, conectividad, seguridad, simplificación de trámites y condiciones para que lleguen nuevas empresas. Necesita generar economías locales, impulsar el comercio, el turismo y aprovechar sus ventajas para crear empleos. Nada de eso se consigue únicamente con presidentes que parecen más gerentes que políticos expertos en los temas, presidentes que resuelven lo urgente y nunca lo importante con acciones que no generan trascendencia.

La inteligencia artificial abre otra oportunidad que nuestros municipios no deberían ignorar. Puede ayudar a anticipar fallas en los servicios, analizar patrones de movilidad, mejorar la atención ciudadana y utilizar mejor los recursos públicos. Pero para aprovecharla se necesitan datos confiables, infraestructura digital, personal capacitado, inversión y reglas claras para proteger la información de las personas.

El reto es que los alcaldes comiencen a pensar más allá de los tres años que suelen durar sus administraciones. Las ciudades no terminan cuando concluye un periodo de gobierno, y sus problemas tampoco deberían atenderse con soluciones diseñadas únicamente para obtener resultados políticos inmediatos.

México no está condenado a quedarse atrás. Lo que necesita es elevar la capacidad y experiencia de sus candidatos, aumentar la ambición de sus presidentes y gobiernos municipales, profesionalizar sus equipos, combatir la corrupción y dejar de confundir la administración cotidiana con el desarrollo. La modernización no consiste en llenar las calles de pantallas o sensores, sino en utilizar los recursos disponibles para resolver mejor los problemas y preparar a la ciudad para los que todavía no enfrenta.

Sin duda los gobiernos municipales tienen una decisión importante frente a ellos mismos: seguir compitiendo por ver quién tapa más baches, instala más luminarias o inaugura más obras y toma más fotos, o comenzar a competir por quién construye la ciudad más ordenada, eficiente, productiva, segura, preparada para el futuro, que complique menos la calidad de vida de sus habitantes y los ayude a desarrollarse.

El verdadero rezago de una ciudad no se mide solamente por los baches que tiene, sino por los años que lleva sin imaginar en qué podría convertirse.

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