La independencia que todavía nos falta
Ideas en Territorio
Por Raúl Contreras
México se independizó hace 216 años. Dejamos de pertenecer a una corona y comenzamos a construir nuestro propio destino como nación. Cada septiembre recordamos a Miguel Hidalgo, a José María Morelos y a quienes dieron su vida por la libertad. Pero ¿qué tan libres nos sentimos los mexicanos en 2026? Una cosa es ser un país independiente y otra muy distinta es que sus ciudadanos puedan vivir con libertad.
Hoy muchos mexicanos no se sienten libres cuando salen de casa.
No somos plenamente libres cuando antes de tomar una carretera pensamos si vamos a llegar bien. Cuando viajar con la familia implica revisar noticias, preguntar cómo está determinada ruta o pensar qué hacer si nos asaltan. Cuando existe el temor de que un negocio que costó años de trabajo termine enfrentando extorsiones o cobro de piso.
No se siente libertad cuando dejamos el automóvil en una plaza comercial y regresamos con el temor de que haya desaparecido; cuando lo estacionamos en la calle y al volver faltan las llantas, los espejos o los faros. Cuando sacar dinero del banco se convierte en una operación que requiere precauciones extraordinarias. Aparte, nuestros hijos ya no tienen la misma libertad que tuvimos muchos de nosotros para salir a jugar a la calle.
El INEGI acaba de presentar la ENVIPE 2026 y los datos son fuertes. Durante 2025, 28.5% de los hogares mexicanos tuvo al menos una víctima de delito. Fueron 33.8 millones de delitos y 93.4% no se denunció o no derivó en una carpeta de investigación. Entre los delitos más frecuentes estuvieron el fraude, la extorsión y el robo o asalto en calle o transporte público. El mismo INEGI señala que entre las actividades que la población dejó de realizar con mayor frecuencia estuvieron permitir que los menores salieran sin compañía y salir de noche. Esto también es una pérdida de libertad.
Pero el problema no termina en la seguridad.
Tampoco somos completamente libres cuando nuestro ingreso determina hasta dónde podemos llegar en la vida. Trabajar debería permitir construir un patrimonio, comprar una casa, tener un automóvil, formar una familia y pensar en el futuro. Sin embargo, para millones de mexicanos esas metas se han vuelto cada vez más difíciles.
Los precios siguen subiendo. En agosto de 2026, la inflación anual fue de 3.26%, pero algunos gastos importantes para las familias crecieron más: las colegiaturas aumentaron 6.04% anual, todo esto según el INEGI.
Formar una familia también está cambiando, no porque los mexicanos hayan dejado de querer tener hijos, sino porque tenerlos implica pensar en vivienda, alimentación, educación, salud, transporte y seguridad. Nuevamente, el INEGI encontró que la tasa global de fecundidad pasó de 2.07 hijos por mujer en 2018 a 1.60 en 2023.
No sería correcto decir que toda esta disminución se debe al dinero porque hay muchos factores detrás de la decisión de tener hijos. Pero tampoco podemos ignorar que el costo de construir una familia forma parte de la realidad económica que enfrentan las nuevas generaciones. La libertad también significa tener la posibilidad real de construir un proyecto de vida.
En cuanto a la libertad en salud también es complicado. No hay libertad plena cuando enfermarse puede significar perder los ahorros de una familia o cuando conseguir una consulta especializada, una operación o un medicamento puede convertirse en meses de espera o en un gasto imposible de pagar.
El Panorama de la Salud 2025 de la OCDE muestra que México tiene 2.7 médicos por cada mil habitantes, frente a 3.9 del promedio de la organización. En enfermería, México tiene 3 por cada mil habitantes frente a 9.2 del promedio de la OCDE. Y hay apenas una cama hospitalaria por cada mil habitantes, contra 4.2 en promedio entre los países de la OCDE. México además destina 5.9% de su PIB al gasto en salud, frente a 9.3% del promedio de la organización.
La salud privada tampoco representa una solución sencilla para todos. Consultas, hospitales, medicamentos y seguros de gastos médicos tienen costos que para muchas familias resultan cada vez más difíciles de sostener.
Con todo esto, realmente ¿somos independientes? O qué tan libres somos para vivir como queremos vivir.
La libertad también significa poder caminar sin miedo; poder viajar con los hijos; abrir un negocio sin temer que alguien llegue a cobrarte por dejarte trabajar; comprar una casa; tener un empleo que permita vivir y no solamente sobrevivir; poder formar una familia sin sentir que hacerlo significa hipotecar el futuro; enfermarse y saber que habrá atención; que nuestros hijos puedan salir a jugar; tener la tranquilidad de que el patrimonio construido con años de trabajo seguirá siendo nuestro mañana.
Hace 216 años nuestros antepasados decidieron que México debía ser responsable de su propio destino. Y eso fue, sin duda, una conquista histórica pero eso también significa reconocer cuando hemos fallado.
De poco sirve haber conseguido la independencia política si no hemos sido capaces de construir las condiciones para que nuestros ciudadanos puedan desarrollarse plenamente.
El gobierno tiene una responsabilidad enorme en esa tarea: garantizar seguridad, impartir justicia, ofrecer servicios públicos dignos, construir un sistema de salud funcional, mejorar la educación y generar las condiciones para que trabajar, invertir, emprender y formar una familia sean caminos posibles, no privilegios.
También nosotros tenemos responsabilidades como sociedad. No todo puede atribuirse al gobierno pero tampoco podemos aceptar que problemas tan profundos se vuelvan parte del paisaje y terminemos acostumbrándonos a ellos.
Quizá Miguel Hidalgo nunca imaginó el México de 2026 y tampoco sabemos qué pensarían hoy Morelos, Allende, Aldama o cualquiera de quienes lucharon por aquella causa.
Lo que sí podemos imaginar es que quienes dieron su vida por la libertad difícilmente habrían querido que generaciones después los mexicanos tuviéramos que vivir con miedo, desconfiando de las carreteras, de las calles, de los cajeros, de los negocios o incluso del futuro.
Ser mexicano debería producir orgullo pero el patriotismo no consiste en cerrar los ojos ante nuestros problemas, también significa tener la suficiente honestidad para reconocerlos y la ambición para querer resolverlos.
Cada 16 de septiembre celebramos que México dejó de depender de una corona pero deberíamos recordar que la independencia fue apenas el principio, porque un país puede ser independiente y sus ciudadanos seguir viviendo atados al miedo, a la pobreza, a la enfermedad, a la inseguridad o a la falta de oportunidades.
México conquistó su independencia hace 216 años pero la libertad de sus ciudadanos a mi punto de vista, sigue siendo una tarea pendiente.
