Incuestionablemente, México es profundo

Por José Alfredo Ramírez Orduña

México grande y fuerte. Es un país extraordinario y poseedor de una diversidad única y honrosa. Nos distinguimos como una nación solidaria y de un carácter genuinamente cálido que se nos reconoce con alegría en cualquier parte del planeta. A su vez, inmersos en una riqueza de múltiples culturas, somos el resultado de su unión. Un país incluyente y fascinante, el país de las maravillas, cuyos ideales incluso Estados Unidos se ha nutrido e inspirado para erigirse como la Tierra de las Oportunidades.

Ante tantas ventajas que la naturaleza y la geografía privilegian, somos un país rico en abundancia, por lo que resulta normal comprender que existieron, existen y existirán personas que busquen aprovecharse de todo ello. Los saqueos y el despojo a estas tierras surgen antes de que México exista como nación y grupos poderosos de potencias como Estados Unidos, Francia, el Reino de Castilla e inclusive del propio Imperio Mexica, se han beneficiado e impuesto sus condiciones abusivas a quienes han habitado este lugar.

Pero, ¿qué es México? ¿Qué es lo real dentro de su abstracto concepto?

Aterrizar preguntas tan complejas implica empezar por su estructura, lo que llamamos país y que tradicionalmente se integra con la organización de tres elementos: territorio, población y gobierno o Estado.

En cuanto al territorio del México independiente que Iturbide gobernó, este abarcaba los actuales territorios de Texas, Nuevo México, Alta California y Arizona hasta el extremo de la extinta capital guatemalteca, lo que hoy conocemos como Nicaragua, Costa Rica y el Salvador. Ubicado entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, delimitado por dos bastos océanos y con una extensa variedad de ecosistemas, México encarna un sueño terrenal donde coexisten una flora y una fauna con más de 5,000 especies endémicas, convirtiéndolo en un país reconocido internacionalmente como «megadiverso». La última modificación en la extensión y división política del territorio nacional ocurrió el 8 de octubre de 1974, cuando los entonces territorios de Quintana Roo y Baja California Sur se convirtieron en estados libres y soberanos y se integraron a la federación.

Como población somos el resultado de la mezcla de los pueblos de la península ibérica y los que habitaron Oasisamérica, Aridoamérica y Mesoamérica. La historia institucional comete el error de reducir el mundo prehispánico a los mexicas, lo cual equivale a resumir la cultura de nuestra nación exclusivamente a la de los últimos habitantes del Valle de México antes de la llegada de los españoles. No solo somos herederos de la cultura de Tenochtitlan, sino también de Teotihuacán, de los toltecas, mixtecas y zapotecos; de al menos 68 pueblos indígenas que se asentaron y trabajaron en esta tierra. Asimismo, la migración ha motivado que más de 40,000 personas que residen en Estados Unidos cuenten con nacionalidad mexicana. Nuestra cultura trasciende el territorio gracias a su gente. El mestizaje abrió el mundo y continúa vigente hasta hoy.

En cuanto al último de los elementos, la noción del Estado regularmente se encuentra viciada por nuestras percepciones emocionales, positivas y negativas. La Presidencia y su gabinete son una parte fundamental pero incompleta de esta compleja maquinaria que integra el Estado. Si hacemos memoria de alguna clase de civismo, recordaremos que el Estado se divide en tres poderes diseñados para cumplir un rol que la ley les encomienda y la sociedad se los demanda. Con sus pesos y contrapesos, supuestamente. Este conocimiento es básico y todo ciudadano debe conocerlo en el ejercicio de nuestra vida pública.

La mezcla de estos tres elementos no se originó de forma espontánea. Es el fruto del legado que marcó una época decisiva para México, parte de Estados Unidos y Centroamérica. Es la herencia del mestizaje con España. El proyecto de nuestra nación encuentra un punto de quiebre y experimenta una auténtica transformación durante la Colonia, donde emergen nuevas expresiones de nuestra identidad como el lenguaje y la religión, así como el urbanismo, la arquitectura barroca y neoclásica, la primer Universidad de Latinoamérica, la cerámica de talavera poblana, la gastronomía, un sistema virreinal y un muy largo etcétera. Todo ello es parte esencial de nuestra historia y de lo que somos como nación, por lo que conviene identificarlo sin filias ni fobias.

Incuestionablemente, México es profundo y a través del tiempo ha formado una identidad colectiva en la que compartimos un idioma y tradiciones. En estas fechas, conmemoramos y celebramos el inicio de la guerra de la independencia como una de nuestras festividades más importantes, ya que es el Grito de Miguel Hidalgo y Costilla el símbolo de una nueva libertad y en algunas opiniones, de nuestro nacimiento. Son varias las interpretaciones que le damos a la historia y resultaría interesante saber, si hemos aprendido algo de su narrativa o si solo hemos aprendido a recordar nombres y fechas.

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