Una buena decisión

Por José Alfredo Ramírez Orduña
La protección de los datos personales es fundamental pero en Puebla no se le da la prioridad que merece, todavía. Honestamente, ¿cuál fue el último “aviso de privacidad” o “términos y usos de condiciones” que se leyó ampliamente y sin dudas? El registro de las líneas telefónicas es un ejemplo que evidencia que para unos temas digitales actuamos con prudencia y cautela y en otros similares nos es un tanto indiferente.
Para realizar la compra de un bien o contratar un servicio, cada vez es más recurrente se solicite el uso de nuestros datos personales, que se recopile nuestra información y se conserve, incluso por más tiempo que dura nuestro bien o nuestro servicio. Y no, no es referencia a las antenas de televisión en los techos. Seriamente, ¿conocemos su propósito antes de decir que sí?

Continuando con dicho ejemplo, quiero precisar que es razonable mantener un sano registro de las líneas telefónicas puesto que se utilizan para múltiples fines indebidos. Llevar un control forma parte de una estrategia de seguridad nacional que se ha mostrado insuficiente para combatir seriamente la vulnerabilidad digital que se ha prometido atender en foros nacionales e internacionales. México no cumple con estándares básicos y existe un desconocimiento generalizado sobre la protección de datos personales.

Paralelamente, muchos usuarios cuyo dígito termina en cero y que no vincularon su línea telefónica, al no compartir sus datos personales, han perdido “su número”. El número que las telefonías brindan pero que nunca les perteneció. Si lo registras, te lo quedas. Y si no, espera. Sucesivamente, el Gobierno Federal mantendrá el programa con el resto de los números progresivos debido a que el primer intento de registro de líneas no alcanzó la meta propuesta y se replanteó la estrategia, fragmentando la población de usuarios digitales. Y funcionó. Otra evidencia más que en este país resulta más fácil dividir que unir.

Pero debemos dimensionarlo apropiadamente. Nos identificamos muy seguido. Al entrar a alguna dependencia gubernamental o al recibir algún paquete o, por supuesto, en operaciones bancarias. Los bancos administran nuestro dinero y, por normativa y certificaciones internacionales, suelen emplear sistemas rigurosos para gestionar, retener y cancelar información; son un ejemplo positivo a replicar para fomentar una cultura responsable del uso de datos. ¿Son efectivos? Francamente sí, aunque unos más que otros.
Es apremiante que nos ocupemos en saber qué es la información que proporcionamos; a quién se lo proporcionamos; por cuánto tiempo se lo proporcionaremos y con qué propósito nos recaban información. No regalar nuestro nombre tiene un nuevo significado ahora. ¿Los números? Ni se diga.

Los usuarios de líneas telefónicas que tienen como último dígito el número cero contaban con 72 horas después del plazo establecido el 15 de agosto tenían para registrar su línea y, de no hacerlo, su línea sería suspendida, bajo reserva de los diversos servicios que se asocian a ella por internet. Algunos lo recuperaron y otros continúan en espera. Las compañías telefónicas procederán a suspender las líneas telefónicas definitivamente al tiempo debido, toda que existen más líneas telefónicas que habitantes en el país y no existe un plan eficaz de regulación.

Aunque ya se encuentran en cualquier navegador de internet las formas para conservar la línea sin vincularla al registro, lo relevante de dicho ejemplo es la protección del uso de datos personales para futuras ocasiones. Existe mucha información que circula enfrente nuestro y es abrumadora. Distinguirla apropiadamente es la clave. Con calma hay claridad y con ambas, buenas decisiones. Lo importante de registrar tu línea es asegurarte que los datos que proporciones serán protegidos efectivamente, si es que la piensas registrar. Sería una buena decisión.

Para dudas y comentarios, seguimos en contacto a través de la cuenta [email protected]

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