Por José Alfredo Ramírez Orduña
Con el inicio del ciclo escolar 2026-2027, las instituciones de educación obligatoria y superior emprenden un nuevo desafío. Millones de mexicanas y mexicanos de todas las edades se convierten en protagonistas de un sistema educativo cuyo propósito es dotarlos de herramientas y competencias significativas para el desarrollo integral de su vida. Ante los intempestivos cambios sociales y económicos, la realidad nos exige una actualización constante y una mejora continua de nuestra formación.
La educación es la solución para resolver la mayor parte de las problemáticas globales y locales. Pero no es inmediata. Tiene un grado de complejidad que es necesario comprender para lograr que sea efectiva. Asimismo, es una piedra angular en la construcción de otros derechos fundamentales: su cumplimiento asegura que otros derechos puedan ejercerse de manera plena. Sin educación, la igualdad, la salud, el trabajo y la participación democrática quedan debilitados para atender las necesidades que se tienen en cada materia.
Existen notables avances y merecidos triunfos que deben ser reconocidos en la impartición de la educación en México. Los docentes se forman a través de la capacitación continua para poder brindar la mejor atención posible a sus estudiantes. Brillan por su esmero y dedicación muchos profesionales gracias a la instrucción y la guía de un maestro o una maestra que confiaron en su potencial mientras se encontraban en etapa de construcción. Por ello, la exigencia de una educación de calidad, la cual se encuentra normada en la Constitución, nos demanda ser críticos y conscientes para mejorar las áreas de oportunidad que se presentan en el aula y fuera de ella.
Uno de los retos más urgentes que debe combatirse es el rezago estudiantil, mismo que se ha incrementado de manera considerable a razón de la pandemia y de diversos factores sociales: la precariedad económica limita el acceso a materiales, transporte y continuidad escolar; los entornos escolares se ven afectados por violencia comunitaria, así como por el crimen organizado y la misma desigualdad estructural, que reflejan problemáticas que deben ser abordadas desde varios ámbitos. Al reconocerlos, nos encontramos en la aptitud para atenderlos debidamente.
A su vez, el rezago ya no es una simple cifra. Constituye un problema estructural que impacta la dinámica colectiva, la productividad y la cohesión social de las y los mexicanos. Si bien iniciativas gubernamentales como La Escuela es Nuestra y los beneficios que otorgan las becas han contribuido a mitigar el abandono escolar, garantizar aprendizajes efectivos y equitativos para toda la población sigue siendo una tarea pendiente.
Los docentes cumplen un rol fundamental, puesto que hacen más accesible el aprendizaje al incentivar y fomentar la búsqueda del conocimiento, las experiencias y proyectos que los estudiantes desean adquirir. La formación educativa tiene el objetivo de facilitar habilidades y destrezas indispensables para alcanzar un mayor bienestar y una prosperidad compartida.
Por ello, la dignidad de las maestras y los maestros es necesaria para que nuestro sistema educativo garantice su efectividad. No es posible enseñar ni transmitir aquello de lo que se carece. El modelo inclusivo, equitativo y humanista que se está implementando en aproximadamente 265,000 centros educativos en el país, pierde su propósito si no se encuentra dignificado el trabajo de las y los docentes.
A manera de conclusión, en este regreso a clases cada estudiante se enfrenta a nuevas oportunidades que deben ser aprovechadas para responder satisfactoriamente a las complejas circunstancias que la sociedad demanda resolver día tras día. La educación es un derecho que otorga privilegios y no un privilegio que otorga derechos. Entre más rápido lo asimilemos, seguramente mejor nos irá.
Felicidades y mucho éxito a todas las personas que se involucran en la construcción de una educación sólida y humana que verdaderamente necesitamos en este país.
“La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida en sí misma.”
— John Dewey.
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