Las dificultades no son un castigo de Dios; son una oportunidad para vivir con responsabilidad: obispo auxiliar de Puebla

Jorge Barrientos

Las dificultades, el dolor y las circunstancias adversas de la vida no deben entenderse como un castigo enviado por Dios, ni como una invitación a vivir permanentemente en el sufrimiento, afirmó Monseñor Francisco Javier Martínez Castillo, Obispo Auxiliar de Puebla.

Durante su homilía, el prelado pidió a los fieles cambiar la manera de entender la expresión evangélica de “tomar la cruz”, al señalar que ésta no significa aceptar de manera pasiva toda clase de infortunios, problemas o situaciones dolorosas.

“Jesús no quiere nuestro sufrimiento. Jesús no quiere que estemos en la peor de las circunstancias”, afirmó.

Martínez Castillo cuestionó la idea de que Dios haya creado al ser humano para que le vaya mal en la vida. Por el contrario, señaló que Dios le otorgó inteligencia, capacidades, voluntad y libertad, por lo que las dificultades deben afrontarse desde la fe, pero también desde la responsabilidad y las decisiones personales.

Afrontar las consecuencias de vivir con los valores de Jesús

El Obispo Auxiliar explicó que tomar la cruz significa aceptar las consecuencias que pueden surgir cuando una persona decide vivir de acuerdo con el estilo de Jesús.

Esto puede implicar enfrentar dificultades en las relaciones personales, en la familia, en el trabajo y en la vida social.

Puso como ejemplo la amistad, donde una persona puede ser traicionada o recibir una decepción y, aun así, decidir continuar amando.

En el matrimonio, agregó, las dificultades surgen cuando se comprende que la pareja no corresponde necesariamente a la imagen idealizada que se tenía de ella, sino que es una persona con una historia, proyectos, necesidades y anhelos propios.

“Te vas a enfocar en dar lo mejor de ti para que la otra persona pueda ser feliz”, expresó.

También señaló que existen dificultades cuando una persona decide actuar correctamente frente a situaciones de corrupción, injusticia o violencia. En estos casos, tomar la cruz significa mantenerse firme en los principios, aunque ello pueda representar perder oportunidades, recibir críticas o no obtener reconocimiento.

No buscar el sufrimiento, sino responder ante él

Martínez Castillo insistió en que el cristianismo no plantea la búsqueda del sufrimiento como una forma de acercarse a Dios.

La cruz, explicó, está relacionada con la disposición de amar y servir incluso cuando hacerlo resulte difícil.

Como ejemplo mencionó a las madres que deben levantarse varias veces durante la noche para atender a sus hijos. Aunque se trata de una tarea que implica cansancio y esfuerzo, señaló que se realiza desde el amor y el compromiso.

“Eso significa tomar la cruz: vivir con alta responsabilidad la aventura de existir”, afirmó.

Desde esta perspectiva, las dificultades forman parte de las responsabilidades y decisiones que cada persona enfrenta, pero no deben convertirse en motivo de desesperanza ni en una justificación para permanecer inmóvil ante los problemas.

La fe como apoyo para superar las adversidades

El Obispo Auxiliar de Puebla destacó que para enfrentar las dificultades es necesario mantener una relación cercana con Jesús mediante la oración, la escucha de la Palabra y la celebración de los sacramentos.

Estas prácticas, dijo, permiten encontrar luz, fuerza e inteligencia para responder ante situaciones que no siempre coinciden con lo que las personas desean.

Reconoció que seguir las enseñanzas de Jesús puede resultar complicado y que, en ocasiones, sus propuestas pueden contradecir los intereses personales; sin embargo, sostuvo que representan una oportunidad para alcanzar una felicidad auténtica.

“Los verdaderamente felices son los que más aman”, señaló.

Por ello, invitó a los fieles a no medir la felicidad únicamente por la cantidad de bienes materiales que poseen, sino por su capacidad de amar, servir y entregarse a los demás.

“Dios cuando da la misión, primero da la gracia”

Ante las responsabilidades y dificultades que cada persona debe afrontar, Martínez Castillo destacó que la fe también implica confiar en que Dios proporciona la gracia necesaria para cumplir la misión encomendada.

“Dios cuando da la misión, primero da la gracia”, afirmó.

En este contexto, recordó a San Agustín y su oración: “Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”, como una expresión de confianza en el acompañamiento de Dios.

El mensaje fue también una invitación a enfrentar las adversidades sin caer en la resignación, entendiendo que la dificultad no necesariamente significa abandono de Dios.

Por el contrario, sostuvo, la cruz puede convertirse en un camino de crecimiento cuando se enfrenta desde el amor, la responsabilidad, la honestidad y la confianza en la gracia de Dios.

Durante la celebración eucarística, finalmente, se elevaron oraciones por la Iglesia católica, por quienes atraviesan enfermedades y dificultades, así como por los pecadores y por quienes desempeñan distintos ministerios dentro de la Iglesia, pidiendo para todos protección, salud, consuelo y fortaleza.

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