La culpa no es de la influencer, sino de quien la hizo candidata

Por Vera Fernández

La ya conocida polémica generada por los comentarios discriminatorios de Nay Salvatori y Grace Palomares estalló a nivel nacional y nos deja varias reflexiones.

Para fortuna de muchos y desgracia de ellas, la dirigencia nacional de Morena tuvo suficiente determinación y congruencia para ponerles un alto.

Las diputadas locales dañaron la imagen del partido en reiteradas ocasiones, sin que la presidenta estatal, Olga Lucía Romero Garci-Crespo, tuviera la voluntad para decirles algo.

Los exhortos «a la mesura» no eran suficientes para un par de mujeres frívolas, encerradas en su burbuja de privilegio, que nunca se tomaron en serio la esencia de un movimiento y, mucho menos, la responsabilidad que conlleva ocupar un cargo público.

El mayor acierto de la dirigente Ariadna Montiel fue empezar una depuración de lo que, erróneamente, acogieron y empoderaron otros personajes políticos.

La forma de conducirse de Nayeli Salvatori y Graciela Palomares no fue una sorpresa descubierta el fin de semana pasado en el podcast Descasadas, ni en los escándalos que antecedieron.

Entonces, si ya sabían cómo eran, ¿para qué las invitan? Se trata de una responsabilidad compartida de quienes, en su momento, decidieron abrirles las puertas de Morena.

El principal impulsor de la candidatura de Nay Salvatori en 2018, para competir por la diputación federal por el Distrito 10 de Cholula, fue nada más y nada menos que Fernando Manzanilla.

El cuñado de Rafael Moreno Valle y protegido del exgobernador Miguel Barbosa en ese entonces, invitó a la polémica locutora de radio a postularse por considerar que era un personaje reconocido en la zona metropolitana.

En lo que respecta a Grace Palomares, para nadie es un secreto que su padrino político es Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados.

En 2024, el poderío de Monreal blindó a Grace de cualquier crítica y cuestionamiento por renunciar a sus aspiraciones de ser gobernadora por Movimiento Ciudadano, entrar a Morena, saltarse la fila de militantes formados y quedarse con la candidatura por el Distrito 16 de Puebla capital; todo eso en el mismo año.

Ojalá que el escándalo público y el desprestigio social hagan reflexionar a los poderosos de Morena sobre los filtros de rigor político que deben respetar para que no haya otra Nay Salvatori, otra Grace Palomares, otro Sergio Mayer ni otro Cuauhtémoc Blanco en el 2027.

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