Diputadas de Morena exhiben prejuicios y normalizan la discriminación contra hombres mayores

Jorge Barrientos

Las diputadas locales de Morena, Nayeli Salvatori Bojalil y Graciela Palomares Ramírez, desataron una fuerte polémica tras convertir un podcast en un espacio para ridiculizar a hombres mayores de 45 años, recurriendo a estereotipos sobre la edad, el aspecto físico y el olor corporal.

Junto con la conductora Nadia de la Rosa, las legisladoras se burlaron de las arrugas, la supuesta «panza caída» y afirmaron que los hombres maduros tienen «olor a viejito» o «huelen a baúl». La expresión más desafortunada llegó cuando Graciela Palomares aseguró que ese olor se debe a que «ya se están pudriendo», una frase que para numerosos usuarios rebasó el límite del humor y cayó en la descalificación y el menosprecio.

Resulta preocupante que este tipo de expresiones provengan de representantes populares cuya responsabilidad es legislar para todos los ciudadanos, sin distinción de edad o condición. Quienes ocupan un cargo público están obligados a promover el respeto y la igualdad, no a reforzar prejuicios o normalizar discursos que estigmatizan a un sector de la población.

La reacción en redes sociales fue inmediata. Miles de usuarios señalaron la evidente contradicción entre el discurso de inclusión y no discriminación que Morena suele enarbolar y las expresiones de sus propias legisladoras.

También surgió una pregunta inevitable: ¿qué habría ocurrido si un diputado hubiera dicho que las mujeres mayores de 45 años «huelen a baúl», «ya se están pudriendo» o se hubiera burlado de sus arrugas y su cuerpo? Muy probablemente el repudio habría sido unánime y las exigencias de sanción inmediatas.

La discriminación no deja de ser discriminación dependiendo del género de quien la recibe. Ridiculizar a una persona por su edad, apariencia física o características corporales constituye una conducta que alimenta estereotipos y fomenta la exclusión, venga de quien venga.

A la controversia se suma el silencio. Hasta ahora, ni Nayeli Salvatori ni Graciela Palomares han ofrecido una disculpa pública o una explicación sobre sus declaraciones. Tampoco la dirigencia estatal de Morena ha fijado una postura frente a un episodio que pone en entredicho el compromiso del partido con los principios de respeto, igualdad y no discriminación que afirma defender.

Más allá de una broma de mal gusto, el episodio deja al descubierto una preocupante falta de sensibilidad de dos legisladoras que deberían dar ejemplo desde la tribuna y fuera de ella.

Porque cuando quienes hacen las leyes normalizan el desprecio hacia un grupo de personas, el mensaje que envían a la sociedad es tan grave como las palabras que pronunciaron.

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