Lo que alguna vez fue un auténtico fenómeno de internet hoy vive una realidad muy distinta. Merlín, el pato que conquistó millones de reproducciones y se convirtió en una sensación durante el Mundial, ya no genera el mismo interés, y su dueña asegura que el éxito en redes sociales nunca se transformó en un negocio rentable.
Con evidente frustración, reveló que, pese a que miles de personas aseguraban ser admiradoras del famoso pato, el apoyo desapareció cuando lanzó una línea de productos oficiales.
Sudaderas, gorras, playeras, zapatos y otros artículos inspirados en Merlín permanecen sin las ventas esperadas, provocando un fuerte golpe para el proyecto comercial que buscaba aprovechar la enorme popularidad del ave.
«»Es increíble ver a tanta gente comentar, compartir y decir que ama al pato, pero cuando lanzamos la ropa, muy pocos compran. La fama en redes no se ha traducido en dinero real», lamentó.»
El caso de Merlín deja una lección que pocos quieren aceptar: los millones de «me gusta», las reproducciones virales y los comentarios no siempre significan dinero. La popularidad puede desaparecer tan rápido como llegó, dejando a los creadores con una comunidad muy activa en internet, pero con pocas ventas en la vida real.
El pato que un día dominó las redes hoy enfrenta el lado más duro de la viralidad: descubrir que la fama digital puede ser pasajera y que el cariño de los usuarios no siempre se refleja en apoyo económico.
