¿En Puebla somos ciudadanos responsables?

Por José Alfredo Ramírez Orduña

En teoría, para otorgarle la razón a una persona o para resolver una controversia, se debe ser congruente: con sólidos argumentos respaldados frente a otras posturas por pruebas que los sostengan y reconozcan como las opciones los más viables o completas. En ese orden de ideas, las cifras contribuyen a identificar situaciones con claridad y a reconocerlas sin desvirtuarlas por cuestiones de interpretación o de subjetividad. Resolver con “Datos, no opiniones”.

De vuelta a la realidad, en la Cuatro veces Heroica Puebla de Zaragoza y ante el inminente bombardeo mediático que observaremos sin descanso los próximos meses en el Estado, seremos expuestos a recibir un excesivo cúmulo de información y opiniones en nuestro entorno digital. En esta ocasión ¿qué tiene de diferente?

Todos los días realizamos actividades que dependen de la influencia de un grupo de personas que nosotros elegimos para que lo hicieran. Cada cierto tiempo se repite un ciclo de promesas de cara a las elecciones en el que se pide la confianza para continuar un proyecto o iniciar uno nuevo. En el cortejo de la influencia, muchos datos serán empleados en narrativas para vender historias de éxito y superación, de denuncia y dignidad, buscando generar simpatía en la comunidad. Si alguna vez no importó ocuparse en estos asuntos, todos los inicios son buenos. Un ciudadano poblano responsable contrastará si dichas historias corresponden a lo que vive en su colonia y ciudad para validar o no la confianza.

Ser un ciudadano responsable admite muchas formas. La primera y más básica de ellas es conocer el propio entorno. Las personas responsables buscan tomar decisiones lo más conscientes y adecuadas posibles. Por ello, resulta sumamente valioso continuar aprendiendo a diferenciar la información correcta de la engañosa y de la que es falsa.

Naturalmente, existen decisiones que son más complejas unas de otras: algunas que requieren una mayor atención para asegurar el atino o el error y otras que necesitan menos relevancia, aunque todas ellas concluyen en la misma disyuntiva: acertar o equivocarse.

Si te equivocaste, es necio buscar resultados diferentes haciendo lo mismo de siempre. Sin el ánimo de repartir culpas o responsabilidades, sabemos que nuestros actos siempre tendrán su respectiva consecuencia. No hay nada más que hacer salvo responder por ello. Y si deseamos que la defensa de nuestras decisiones no sean meras ocurrencias, es importante seguirse preparando y en documentarse de lo que, en teoría, nos interesa y en la práctica, nos incumbe.

Si esta vez no te equivocaste, muy bien: continúa así. La victoria causa un mareo mayor que la derrota. Apoyarse en evidencia, en transparencia y en la disposición a asumir la responsabilidad de nuestros actos y omisiones no nos dará una vida precisamente mejor, pero sí nos dará mayores y mejores argumentos para hacerlo en dignidad.

Los datos son fríos y dependen de la narrativa con la que se utilicen para decir verdades o medias verdades. No hay que confundirse. Basta mirar alrededor, plena y conscientemente, para orientar nuestra decisión. Somos esclavos de nuestras decisiones hasta que somos responsables de ellas.

Y bien, ¿tú crees que en Puebla somos ciudadanos responsables?

Para dudas y comentarios, seguimos en contacto a través de la cuenta [email protected]

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