Inundaciones dejan pérdidas en comercios y restaurantes del Centro Histórico de Puebla

Delia Soriano

Escobas, cubetas, bombas de extracción y mercancía echada a perder sustituyeron el movimiento habitual del Centro Histórico. Mientras algunos intentan rescatar lo poco que quedó, otros enfrentan pérdidas totales. Detrás de cada negocio afectado hay familias, empleos e historias que ahora luchan por comenzar de nuevo.

Las cortinas de los negocios volvieron a levantarse este lunes, pero no para recibir clientes. Detrás de ellas había cubetas llenas de lodo, muebles volteados, refrigeradores inservibles y cajas de mercancía que terminaron en la basura. El agua ya se había retirado del Centro Histórico de Puebla, pero dejó otra inundación más difícil de contener: la incertidumbre de decenas de comerciantes que hoy no saben cuánto tiempo tardarán en recuperarse.

Desde las primeras horas del día, sobre la 2 Oriente y el bulevar 5 de Mayo, el ruido de las bombas de extracción sustituyó al de las conversaciones entre clientes y vendedores. Escobas, jaladores y palas fueron las herramientas con las que propietarios, empleados y familiares comenzaron a limpiar los negocios que, apenas unas horas antes, permanecían bajo el agua.

En algunos locales todavía era visible la marca que dejó la inundación sobre paredes y vitrinas. En otros, el lodo cubría pisos y anaqueles, mientras la mercancía dañada era retirada poco a poco con la esperanza de salvar lo indispensable para volver a abrir.

Algunos comerciantes lograron rescatar parte de sus productos y mobiliario. Otros no tuvieron la misma suerte y anticipan pérdidas prácticamente totales, luego de que el agua ingresó con fuerza a sus establecimientos. Por ello, pidieron al Gobierno Municipal y a Protección Civil realizar trabajos urgentes de desazolve en la zona para evitar que una nueva tormenta vuelva a poner en riesgo su patrimonio.

La misma escena se repitió en Paseo de San Francisco. Ahí, el trabajo no se ha detenido desde la madrugada del domingo. Personal encargado del saneamiento informó que fue necesario extraer alrededor de 120 litros de agua por segundo para desalojar la inundación que afectó el inmueble.

Las labores comenzaron cerca de la 1:00 de la madrugada y, hasta este lunes, registraban un avance cercano al 90 por ciento. Los trabajadores confirmaron que ya no hay vehículos atrapados en el estacionamiento y que continuarán con la limpieza hasta restablecer por completo las condiciones del centro comercial.

Sin embargo, el impacto de la lluvia no sólo se mide por la cantidad de agua retirada, sino por las pérdidas que dejó a su paso.

El presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac) en Puebla, Juan José Sánchez Martínez, informó que al menos 16 restaurantes y diversos comercios resultaron afectados por las inundaciones, de los cuales cuatro registran pérdidas totales.

En algunos establecimientos, explicó, el agua alcanzó hasta dos metros de altura, dañando mobiliario, equipos de refrigeración, cocinas y productos que tuvieron que ser desechados por haber estado en contacto con aguas del drenaje.

«Sí hubo una afectación debido a las precipitaciones pluviales. Tenemos registrados 16 establecimientos inundados y, en algunos casos, las pérdidas son totales. El agua llegó hasta los dos metros, afectando mobiliario, equipos de refrigeración y diversos artículos que, por el contacto con aguas del drenaje, los comerciantes prefieren desechar por cuestiones sanitarias», señaló.

Mientras algunos negocios continúan retirando lodo y desinfectando sus instalaciones, la Canirac trabaja junto con la Secretaría de Salud para verificar que los establecimientos cumplan con las condiciones sanitarias necesarias antes de reabrir.

Por ahora, la prioridad es recuperar la normalidad. Pero el dirigente empresarial advierte que la reconstrucción no depende únicamente del esfuerzo de los comerciantes. Consideró indispensable fortalecer las medidas preventivas para evitar que una lluvia de esta magnitud vuelva a paralizar la actividad económica de la ciudad.

«Sabemos que los fenómenos naturales no se pueden evitar, pero sí podemos prevenir y proteger los inmuebles con información y acciones oportunas para que este tipo de situaciones no vuelvan a ocurrir», expresó.

También descartó que el cierre definitivo de los establecimientos afectados sea una opción. Detrás de cada restaurante y comercio, recordó, hay inversiones de años, trabajadores que dependen de su salario y proveedores cuya actividad también se ve comprometida.

Por ello, mientras el monto total de las pérdidas aún sigue sin calcularse, los comerciantes tienen una prioridad inmediata: limpiar, reparar y volver a abrir. Porque para ellos la tormenta no terminó cuando dejó de llover; apenas comenzó una nueva batalla para recuperar el patrimonio construido durante años de trabajo.

 

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