Estamos a nada de que inicie el Mundial

Por José Alfredo Ramírez Orduña

México debe jugársela y necesita dejar una buena impresión ante los ojos del mundo, al mismo tiempo que busca recaudar la mayor cantidad de recursos posibles. En esta edición de la Copa del Mundo de fútbol, organizada en conjunto con EE.UU. y Canadá, el país azteca se convertirá en anfitrión por tercera ocasión de dicho evento deportivo con la esperanza de obtener un derrame económico superior a los $65,000,000.00, una cifra estimada por la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, y así mantener un flujo activo en sus operaciones.
Para lograr dicho cometido, se prevé realizarlo a través de actividades turísticas, comerciales y de servicios, principalmente en las tres ciudades del territorio en las que se jugarán los encuentros: la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Sin embargo, el verdadero partido de México no se disputa en la cancha y la derrota en este campo es un pronóstico del país aún más incierto.

En breve veremos fútbol hasta en la sopa y no porque exista un patrocinador oficial de pasta de la Selección Mexicana; sino porque la oferta de la Federación Mexicana de Fútbol resulta tan atractiva, que conecta con la pasión e identidad de sus seguidores, que relaciona el triunfo y la fidelidad: aspectos tan diversos y deseados que la motivan como uno de los ejemplos más claros en los que la buena publicidad quema la reputación de un mal producto. Verdaderamente la pasión nos une y astuta gente sin escrúpulos que trabajan manipulando métricas de audiencia, lo saben.

Por otra parte, la incertidumbre bélica y comercial de EE. UU., la crisis climática en Canadá y nuestro exquisito contexto político y económico son en conjunto un banquete servido para que el Presidente de la nación más poderosa del mundo exhiba su poderío en la antesala de las próximas elecciones intermedias y, como un efecto secundario, llenar su bolsillo y los de su círculo cercano un tanto más. México y Canadá ceden ante un implacable vecino que tiene sus ojos puestos en todo menos en qué lado rueda la pelota.

De 104 partidos programados, exclusivamente 13 se disputarán en territorio nacional. Si a ello le sumamos los exorbitantes costos de bienes y servicios, así como el discreto encanto con el que la Selección juega, se comprende que la euforia brille por su ausencia. Es apatía comparada con lo que se vivió en el 86 y en el 70: razones sobran y culpables faltan.

El futuro del dos veces mundialista

Mientras tanto, el sol del Mundial alumbra el estadio Cuauhtémoc antes de su inauguración pero no lo suficiente como para quedarse. El Estado albergará el último encuentro de preparación de la Selección de España ante su similar de Perú, en el que seguramente llenará más asientos de lo visto en el último partido jugado. Desde hace un par de décadas, Puebla mantiene un amor malsano con el futbol, tomando en cuenta la relación complicada con su afición, fruto de muchos años aún más complicados, que no asegura un éxito ante los patrocinadores como otras grandes ciudades lo hacen. ¿Cómo se le vende a la gente que no espera nada de ti y aún así logras decepcionar?

El 11 de junio es una fecha especial. Estamos a nada de que inicie el Mundial.
Y ustedes, ¿qué creen? ¿en qué aspecto será recordado México después de esta Copa del Mundo?

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